Ecos del Senado: Cerrazón y autoritarismo en tiempos de crisis

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Estamos oficialmente en la fase 3 de la epidemia Covid-19, lo que significa que la proliferación de contagios llegará en las próximas semanas a su curva máxima.


En medio de la pandemia, y aun cuando tuvimos tiempo suficiente de prepararnos para este desafío, continúa habiendo rezagos en numerosos hospitales públicos, que demandan equipos de protección e insumos para atender a los enfermos. Todos los días se conocen casos de médicos y enfermeras que están en la primera línea de batalla, sin contar con los apoyos necesarios.


Es una negligencia criminal que ha provocado un alto número de contagios, casi 2 mil, entre médicos y personal de salud.



La pandemia también está llevando al mundo a una recesión económica sin precedentes. En México seguimos esperando un plan de emergencia económica que ayude a enfrentar la grave crisis que se avecina, si se cumplen los pronósticos para este año de la caída de más del 9% del PIB.


En medio de la emergencia de salud y económica estamos viviendo los tiempos más violentos en el país, crecen los homicidios; la delincuencia organizada reparte despensas a la población; el precio del petróleo se desploma a los valores históricos más bajos; se cae la recaudación tributaria; hay descontento de los empresarios por las medidas económicas propuestas; gobernadores amenazan con romper el pacto fiscal; se pierden 350 mil empleos y están en riesgo de 1.2 a 2 millones de trabajos formales.


Ante todo esto, a petición del Presidente se convoca al Senado única y exclusivamente para votar una Ley de Amnistía, con el propósito de liberar a personas que han cometido delitos, sin que la mayoría legislativa de Morena admita a discusión los temas realmente urgentes y relevantes del país, como son las medidas para enfrentar la crisis de salud, proteger el empleo, los ingresos de las familias y la planta productiva.


El Presidente se ha negado a encabezar un gobierno de unidad y un acuerdo nacional para hacer frente al enorme reto.


Mientras países europeos, asiáticos, centroamericanos y por supuesto de América del Norte han buscado proteger a sus trabajadores y su planta productiva, en nuestro país el Presidente muestra intolerancia y cerrazón ante líderes sociales, analistas y medios de comunicación que disienten de sus propuestas, los llama sus adversarios y los descalifica y denosta desde el patíbulo mañanero.


El Presidente cree que no necesita a nadie para gobernar, cierra las puertas a los gobiernos estatales, no escucha a los órganos empresariales y de la sociedad civil, busca concentrar el poder e inhabilitar cualquier contrapeso.


Bajo el pretexto de la crisis, en un claro acto de concentración de facultades, el Presidente pretende asumir las funciones del Poder Legislativo y propone a su mayoría parlamentaria -siempre sumisa y complaciente, temerosa de despertar los reclamos de su jefe político- que le confiera un cheque en blanco para manejar discrecionalmente el dinero público del presupuesto federal sin rendir cuentas a nadie, a fin de contar con los recursos suficientes que le garanticen la viabilidad de sus programas sociales clientelares y de los proyectos prioritarios de su gobierno, tan cuestionados técnica y financieramente.


El Presidente ha expresado que el “modelo mexicano” para enfrentar la crisis será un referente y un ejemplo a nivel internacional; por el bien de todos, ojalá y no se convierta en el ejemplo a no seguir.



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